sábado, 30 de diciembre de 2006
¡ Aquí reportandome...!
Mi padre, que es un tipo sencillo, se encontraba en la casa a causa del desempleo y yo por mi parte tenia que salir a vagar para no tener que estar a merced de que ver lo que el quisiera en la tele, de no poner musica a un volumen fuerte y de estar yendo y viniendo de la tienda por sus encargos. Cierto dia, que huí como de costumbre, mi padre yacía en la cama con una resaca tremenda por la bailada del dia anterior, bueno la verdad es que todavía estába borrachísimo con una inmensa nebulosa en sus intentos de conectar con sus sentidos y pues en eso que suena el fono, ¡rrrrriiiinnn! ¡rrrrriiiinnn! ¡rrrrriiiinnn!, mi padre se trata de incorporar y toma el telefono que esta cerca de la cama, descuelga el auricular y con un tono ronco y medio espeluznante dice: -BBUUUUUEEEEEENNNOOOO-...
El oscar siempre ha sido un buen valedor, de esos carnales que es dificil topar, con quien puedes pasar una eternidad sin aburrirte y sin perder el deseo de estar en compañía de un compa tan chido como ese guey. Ese día que me salí en su busca, caminé hasta la R1 y ahí pedí paro a un chof que me llevó, a cambió de un boleto del metro, hasta los tambos en donde comencé a caminar hacia el COBAEM, la prepa del Oscar. Al llegar noté que el poli de la entrada estaba recargado en la verja semiabierta, me divisó y la cerró así que me dí la vuelta e intenté saltar la prominente barda sin exito; así con las manos raspadas esperé a que se saliera a fumar un porro en ese pedazo de corteza que subieron entre las ramas de un arbol, pues, conociendo a ese camarada, se saldría a dar unos toques. 9 minutos después, completamente sudado y con una destreza envidiable se asomó por encima de la barda, se apañó con un brazo de una barilla que salía de esa vieja construcción, cruzó una pierna, y luego la otra mitad del cuerpo hasta descolgarse de la barda; al verme le invadio una sonrisa en el rostro y exclamó: - ¡ah, ¿qué tranza?, ¿qué crees banda?!, hace rato que hablo a tu casa y que me contesta la mismisima voz del más allá, era la voz del diablo, hasta la bocina me llego el tufo de azufre carnal, neta que era lucifer güey y pues le dije ¡aquí reportandome señor de los avernos!- entre risas y asombros me describía como había escuchado una voz ronquísima y como de último aliento.
jueves, 28 de diciembre de 2006
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